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La reforma laboral no solo es un nuevo marco legal regresivo para los derechos de los trabajadores, es también un arma de destrucción masiva, de destrucción de empleo y, con él, de proyectos de vida, de horizontes, de ilusiones…

El apoyo vino a través del voto secreto, en las elecciones sindicales, a las que Violeta Méndez se presentó, pese al despido, como cabeza de lista de la UGT. Y las ganó, logrando la mayoría absoluta del nuevo comité de empresa, que la eligió presidenta.

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"Soy delegada de UGT, no tengo miedo y voy a volver a mi puesto de trabajo en la Residencia de Tafalla"

17/02/2016 | SMC-UGT Navarra

La reforma laboral no solo es un nuevo marco legal regresivo para los derechos de los trabajadores, es también un arma de destrucción masiva, de destrucción de empleo y, con él, de proyectos de vida, de horizontes, de ilusiones… Basta un triste burofax, que llega a tu casa cualquier día, a cualquier hora y que se incrusta en tus carnes como un puñal. Después, sólo dolor, angustia e incertidumbre. No es literatura, es la cochina realidad. Que se lo pregunten a Violeta Méndez, trabajadora de las cocinas de la Residencia San Manuel y San Severino de Tafalla durante casi 13 años, despedida por este expeditivo medio el 10 de febrero de 2015. Pero no hay reforma reaccionaria que acabe con la justicia o con toda la justicia, y el Juzgado Nº 2 de lo Social de Pamplona ha declarado nulo el despido por “vulneración del derecho a la libertad sindical”.

“Hemos ganado una batalla frente a una directora despótica, que siempre ha hecho lo que ha querido con todo el mundo y a la que hemos plantado cara”, dice Violeta con la sentencia en la mano y con más ganas que nunca de volver a su puesto, a trabajar y ejercer su función de delegada sindical en defensa de sus compañeras.

Persecución sindical y personal

Porque esta mujer fue despedida solo dos días antes de que se cerrara el plazo de presentación de candidaturas a las elecciones sindicales. “Yo encabezaba la lista de la UGT, y ni el sindicato ni yo estábamos dispuestas a bailar al son que toca la directora. Por eso me despidió, para evitar que la UGT le parara los pies. No había razones organizativas, ni económicas, sino una doble persecución, al sindicato y a mi persona, porque sentía amenazada su autoridad”.

La sentencia lo deja muy claro: “La única explicación factible, puesto que no se han probado las causas organizativas alegadas, es que el despido se produce precisamente porque se iban a celebrar en breve las elecciones sindicales”. Y es que, con la anterior representación sindical, controlada por LAB, “la directora actuaba a su antojo, con el agravante de que las delegadas de este sindicato le aplaudían sus decisiones e incluso en algún caso, hacían el papel de chivatas. Por eso no me extrañó, aunque me pareció rastrero, que una delegada de LAB testificara en el juicio a favor de la empresa y en contra mía, además mintiendo descaradamente, ante lo que el abogado de la UGT advirtió que podíamos estar ante un delito de falso testimonio”, explica Violeta.

Crispación laboral

El despido de Violeta Méndez se produjo en vísperas electorales, pero en un clima de crispación laboral. “Las relaciones laborales era malas y tensas dentro de la Residencia. Y ello, porque la Directora hace cosas que rozan la ilegalidad. Cada año cambia las jornadas laborales como le da la gana y lo mismo te asigna una jornada del 83%, que del 95% o del 99%, que digo yo que debería ser una jornada completa. Luego con asignarte horas complementarias, arregla el problema. Eso complica la vida de la gente, que nunca sabe cuánto va a poder trabajar cada año. Pero, además, internamente se producen agravios comparativos entre trabajadoras antiguas, que procedemos del Convenio de Hostelería y tenemos salarios más altos que las compañeras a las que se les aplica el Convenio Estatal de Residencias. Gente que hacemos el mismo trabajo, tenemos salarios diferentes, y eso quema mucho”, reconoce Violeta.

Si a ello se añade una Dirección que se maneja sembrando el miedo, con la amenaza siempre por delante: “aquí sobra gente”, con decisiones caprichosas y autoritarias, el mal ambiente laboral es fácil de explicar. “Hubo problemas en la cocina, y la UGT no se calló. Hubo problemas en una de las plantas, cuando se exigió a las trabajadoras la reducción de una hora diaria para hacer una contratación nueva, lo que es una auténtica barbaridad, y la UGT tampoco se calló. Estaba incómoda, ya que preveía que el modelo que había conseguido con las delegadas de LAB no iba a continuar. Por eso, acostumbrada a una representación sindical dócil, la posibilidad de que la UGT cambiara este estado de cosas fue lo que le llevó a intentar evitarlo con mi despido. Así que la alegría que sentí cuando recibí la sentencia, no se te la puedes ni imaginar”, asegura Violeta.

“Arropadísima por la UGT”

“Menos mal que he tenido detrás a la UGT, porque en esta Residencia hay mucho miedo, mucha amenaza, mucha represalia. La compañeras salieron a la primera concentración de apoyo, pero a la segunda no bajó ni una, porque la Dirección amenazó con sanciones, y son tiempos difíciles en los que la gente no se quiere jugar un puesto de trabajo”.

Pero el apoyo vino a través del voto secreto, en las elecciones sindicales, a las que Violeta Méndez se presentó, pese al despido, como cabeza de lista de la UGT. Y las ganó, logrando la mayoría absoluta del nuevo comité de empresa, que la eligió presidenta.

“El resultado electoral fue una satisfacción, la gente había reaccionado y me había apoyado. Ahí se acabó todo el mal rollo, el miedo y la angustia. Hemos ganado las elecciones y la sentencia, estoy aquí, pertenezco a la empresa y voy a luchar todo lo que haga falta. Tengo ganas de volver y de trabajar”, afirma con total convicción.

Último escollo

Sólo falta superar el último escollo, el recurso presentado por la empresa contra la sentencia de nulidad del despido. Pero los sólidos argumentos de la primera sentencia y la actitud adoptada por la empresa le llevan a Violeta a ser totalmente optimista. “Es cuestión de esperar, porque la actitud de la empresa, que ha preferido pagarme el sueldo pero que no me incorpore a mi puesto de trabajo hasta que salga la sentencia definitiva, ahonda en que los verdaderos motivos no son organizativos, ni económicos, sino sindicales. De hecho, me pagan por no trabajar y pagan a otra persona por hacer mi trabajo, luego lo único que está haciendo la empresa es reforzar la argumentación del Juzgado de lo Social de Pamplona”, dice Violeta con seguridad.

Mientras tanto, las delegadas de LAB siguen haciendo su labor de zapa, tratando de enfrentar a la plantilla con Violeta, con un argumento sonrojante: “Si Violeta vuelve a ganar y se reincorpora a su puesto de trabajo, sobramos una”.

Pero la UGT no va a cejar en su empeño, denuncia la posibilidad de que estemos ante un caso de malversación de fondos públicos, ya que la Residencia se financia con dinero público o semipúblico, y va a analizar la posibilidad de solicitar la ejecución de sentencia para que Violeta se reincorpore a su trabajo cuanto antes. “La Dirección de la empresa le da un portazo a Violeta y a la UGT. De una manera velada nos está invitando a no aparecer por la Residencia hasta dentro de 6 meses que se resolverá el recurso, en una gestión cuando menos dudosa de los recursos públicos, ya que la residencia es concertada con el Gobierno de Navarra. Si hay dinero como para pagar el salario de una trabajadora durante 6 meses sin trabajar, que se aproveche para resolver o mitigar la brecha salarial entre trabajadoras que hacen el mismo trabajo”, apostilla Pilar Rodríguez, compañera del sindicato, que ha apoyado y asesorado a Violeta Méndez desde que recibió un frío burofax anunciándole el despido, hace ya un año.

Violeta Méndez, trabajadora que ha ganado un juicio que declara nulo su despido

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